Nacimiento de Faustino
La noche del 26 de Octubre, sobre las 23:30, me senté en la pelota de pilates, que aún no habia usado, a ver si se activaba algo. Había estado en casa la «Titi concu» y le había comentado que no estaba usando la pelota, a lo cual ella me sugirió que me siente un rato así bajaba la cabecita, etc.
La cuestión fue que ni bien arranqué el movimiento, empezaron a llegar las contracciones.
Con Fabricio (mi pareja) nos empezamos a reír porque las contracciones no eran dolorosas pero eran “distintas” y empecé a respirar en cada una que venía, nos generaba la duda si habían llegado para quedarse o si salía de la pelota se iban.
Es como que queríamos que este momento llegara, pero a la vez no porque sabíamos todo lo que se venía..
Pues las contracciones siguieron y empezaron a molestar más. Benicio dormía, nos empezó la duda de cuándo irnos así que le avisamos a la «Titi Ara» que estuviera atenta para venirse. A la 1:30 decidimos irnos al sanatorio, porque esto que había arrancado no tenía pinta de parar.
Entre contracción y contracción fui agarrando alguna cosita que me faltaba. Fabricio fue cargando el auto y obviamente me fui a despedir de Beni: le di un besito y le dije que íbamos a buscar al hermanito, se movió y pareciera que me dijo que «si» con la cabecita.

Llegamos a eso de las 2:00 de la madrugada al Sanatorio, dejamos el auto en el estacionamiento de al lado como siempre, yo me bajé antes a pura vocalización, las «ooooo» retumbaban en el silencio de la noche. Se acercó el del estacionamiento que no entendía si estaba bien..
En eso viene Fabricio con la carpeta de control en la mano, -¿y los bolsos?- le digo. De los nervios se le habían olvidado.
Entramos por la emergencia, nos subieron al 2do piso directo, ahí me examinaron y nos dijeron que estamos arrancando el trabajo de parto.
Luego de ingresarnos a la habitación, vino Patricia, la partera, a presentarse y ponerse a disposición. Ambas nos vemos cara conocida, pueso yo también trabajo en la salud. Entre contracción y contracción, ella escuchó los latidos de Fausti y todo venía bárbaro.
intenté preguntarle sobre la epidural (pues estaba doliendo bastante) pero no llegué a terminar la frase que me abrazó otra contracción -¡Que largas e intensas!- decía yo.

En eso llegó Analía, conversamos un poquito y me sugirió que probara la ducha. Ahí me metí al baño y en cuclillas, con el agua caliente y la «ooooo» fui surfeando la ola de contracciones durante una hora. Fabricio al firme, a mi lado, con miedo a que me desmaye por el vapor del baño..
A la hora exactamente me examinó la partera y estábamos con 7 cm. de dilatación. Dijo: -Nos vamos a la sala de nacer.-

Allí me ofrecieron sentarme en el banquito pero así como me senté me fui a cuclillas de nuevo, era lo que más me aliviaba, estar contra el suelo abriendo y haciendo movimientos de un lado a otro. Al rato la partera me ofreció llenar el jacuzzi y ahí fui al agua de nuevo. Era un gran alivio que Fabricio me pusiera el duchero en la espalda y yo en cuclillas, agarrada del borde, respiraba y vocalizaba la «oooo». ¡Que intensidad!
Tal así, que transcurrió una horita más y vinieron los pujos. Me acordé de Soraya(mi suegra) que me decía «pujá en cada contracción para que te alivie». Y arranqué a pujar.. Se me acercó la partera y me dijo que en el agua no podía nacer por las condiciones de higiene, me ofreció examinarme ahí mismo y estaba con 8-9 cm de dilatación. Me dijo que si salía del agua, rompíamos bolsa y nacía Fausti. Acepto y cuando estoy saliendo miro a Ana y le digo -no me acuerdo cómo pujar-, a lo que me responde: -hace como te salga-. Enseguida salí me senté en el banquito de parto.

¡Ahora sí! Fabricio estaba detrás de mí, sentado en una pelota de pilates, sosteniéndome. Y ahí sentí el famoso aro de fuego, la partera me rompió la bolsa y estaba la cabecita ahí que me quemaba, yo solo pedía que me ayudaran a sacarlo. Fueron 2 o 3 pujos y a las 4:35 hs. ¡nació! Nos pusieron a Fausti en mi pecho y automáticamente la felicidad y el alivio nos invadió.

¡Es ese momento no voy a olvidar jamás en mi vida! Calentito, mojadito, llorando y nosotros abrazándolo.. ¡Que sensación divina!

Por Majo.